lunes, 22 de noviembre de 2010

Segundos, minutos pasan. Giro mi cabeza a un lado, al otro, y nada.
Minutos, horas y no puedo dormir. No puedo evitar pensar en aquello.
Horas, días y sigo ahogándome, ahogándome en cada suspiro por aquello que vivo.
Días, semanas y todo sigue igual, me refugio en los libros y no encuentro palabras que me hagan olvidar.
Semanas, meses cruzan por mi mente.
Meses, años pasan y los libros ya no me acompañan.
Años, quizás cuántos, quizás cuántos van, y ahora he olvidado lo que me quitaba el sueño, pues también he olvidado quién era la que no podía dormir.

miércoles, 30 de junio de 2010

iT

What happens if you get your heart right next to “iT” heart.
For a moment, you can really feel whatever “iT” feelings are.
Then, confused, you wonder why did “iT” take that road. Why
did “iT” choose that. When you felt what “iT” was feeling, you
couldn’t stay away from “iT” anymore.

domingo, 13 de junio de 2010

A negro



No puedo ver.
Todo es negro.
No es día ni noche.
No puedo respirar.
No sé cómo No estar en esto.
No logro moverme.
No puedo pensar.
No sé hacer,
No sé decir,
No sé hablar,
No sé creer,
No sé sentir.
Sé No, eso sí.
Sí puedo No decir No.
Veo luz.
Sí.
Sé que hacer.
Puedo respirar.
Puedo ver…
… Y despierto. Me fui a negro.

jueves, 22 de abril de 2010

Cómo

Cómo se puede saber lo que le pasa , aunque no haya dicho palabra alguna, y se sienta lo que siente?
Cómo le explicas que sabes lo que vive y que hasta las emociones las compartes?
Cómo explicas al resto que tu ánimo no es el tuyo, sino el de otro? el de otro que oculta el suyo?
Cómo haces para alegrar al caído y alegrar a su espejo?
Cómo vive el que sufre por el que niega su sufrimiento?
Cómo logra sus objetivos la repetición que no tiene participación en la historia?
Cómo sonríe el que sonríe sin sonreir sincero para que sonría su reflejo que no sonríe por fuera sino por dentro?
Cómo mira y habla si no habla ni mira realmente?
Cómo calla si no calla y no dice lo que siente?
Cómo olvida su estado si cuando olvida para fuera incorpora hacia adentro y cuando olvida hacia adentro, su espejo no olvida?
Cómo detiene su ciclo si no despierta? si no escucha, si no habla, si no calla, si no entiende que no se entiende, si no entiende que sin tiempo no se perdona, si no entiende que sufriendo se absorbe, si no entiende que cayendo, que cuando todo se desborde, terminará como siempre sonriendo?

miércoles, 7 de abril de 2010

Que lindo día


Que lindo día!
Aquellos verdes jardines y los niños gritando me recuerdan que el verano ha llegado.
Hace calor, mucho calor, pero aparentemente no me importa. No me importa porque la razón por la que te escribo es otra; es contarte lo radiante que hoy me siento.
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Es enero y me enamoré. Sí, en solo un día, en solo un cuadro, solo una imagen, solo un momento bastó para no poder ni querer quitar mis brazos de ti jamás. ¿Cómo puede pasar algo así? ¿Cómo se puede amar así? Teniéndote tan lejos, sin realmente tener una idea clara de ti ahora.
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Que maravilloso día! Las flores me sonreían al pasar, las mariposas se posan sobre mí, como si quisieran contarme de ti. Les susurro para que te digan cuánto te quiero ya.
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4 meses han pasado. ¿Por qué no vienes ya? Esta soledad no me agrada, no sabes cómo me muero por ti. Ya ni los árboles sonríen, alicaídos, dejan caer a sus hijas al suelo como si ya nada más valiera la pena.
¿Sabes? Sigo pensando que vendrás… algo me lo dice, pero tu ausencia duele.
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Es invierno. Recién es invierno, pero en mí lo es hace más todavía. ¿Te había dicho que si el amor matara, yo habría muerto a cada segundo solo por ti?
No te conté, pero hace unas semanas, sentada en un parque, quería dedicarte lo más especial que hubiera en este lugar, en esta tierra, pero todo era muy poco para ti. Aquellas cosas que encontré, contigo comparadas son como lo es una hormiga a un universo; Todas las alegrías de este mundo, todas aquellas vividas por todos en todos los tiempos; la luz, sí, esa que todo ilumina, que a todo da vida; la esperanza de creer que los sueños se logran, que solo son una meta sin una fecha determinada, y que lo que te propongas siempre con esperanza y perseverancia lo tendrás. Quisiera también, darte todo lo que sea bueno para ti, toda la fuerza, todo el amor, toda mi vida, todo el fervor de quien no puede esperar, de quien ansía y necesita verte. Tantas cosas, x cosas, todas para ti.
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Hace frío, sí, mucho, pero ya no en mi corazón.
¿Sabes cuando todo cambió? Cuando dejé de sentirte para poder verte. Cuando pude decir; ¡Por fin llegaste!!! Largo viaje tomaste. Espero que algún día puedas contarme de él. No te vayas de aquí primero que yo o sin mí!
El resto de la historia ya la conoces mi vida. No te olvides que “No hay amor más grande que el que siento yo ahora por ti, ni habrá, en este mundo, algo que se le compare”.
Aquel día de agosto fue. Bienvenido a este mundo bebé, a mi mundo.
Mamá.

...


Caminaba por el parque. Eran las 6 y media de la tarde y las hojas de los árboles, verdes, marrón y naranja, caían a ratos a la tierra. Podía
sentir el viento en la piel. El olor a tierra mojada se sentía a la distancia y del pasto emanaba un exquisito aroma a lavanda y miel. El sol se colaba
entre las ramas e iluminaba todo lo que tocaba tiñiéndolo de naranjo. Todo se veía maravilloso, como de cuento, como si fuera la última vez que
fuera a mirar algo así, como si algo me dijera que nada sería mejor que esto, como si el sol jamás fuera a iluminar de ese modo.
Caminé y caminé, mientras bebía mi café. Una emoción extraña abordaba mi cuerpo, una alegría incontenible, una melancolía inexplicable.
Me senté sobre unas ramas. Un niño se me acercó. Era dulce, dulce y tierno como un cachorro. Me dijo su nombre, que como tantas cosas ya olvidé,
y me afirmó que sería mi amigo. Le dije que cómo podría ser amiga de alguien tan madura como su madre. Pareció no escucharme.
Jugamos durante 7 días, todas las tardes.
Le conté que era feliz, que mi vida estaba plena, que no me hacía falta nada, sin embargo, nada tenía. Me habló con la madurez de un padre, me dijo
que tenía que ser así, que todo estaría bien.
Martes hoy, decidí chequear mis negocios, llamar a mi familia , bañar a mi perro, comprar las verduras, pero no podía. No recordaba dónde estaba
todo, dónde estaban todos.
Corrí y lloré por horas hasta que todas mis dudas se respondieron. Corría por el mismo parque y veía a mi pequeño amigo, se alejaba y no me
oía. Sólo pude quedarme con su imagen impresa en aquella hoja que cayó cuando me tropecé con su animita.

Intuición

Hacía mucho frío esa mañana. Daniela sintió la odiosa musiquita de su celular, sacó su mano de entre las cobijas y sintiendo un frío que le calaba hasta los huesos, apretó el botón para apagar la alarma. Eran las 6:50. Tomó un polerón, dio un pequeño bostezo, se levantó y se fue directo a la cocina. Una ventana quebrada a la mitad, mostraba el panorama que afuera le esperaba; un hielo que tenía congeladas las plantas de la cocina. Tiritando fue directamente hacia la despensa y la cerró de un golpe, no sacó nada de ella. Pensó por un par de segundos, miró el reloj de la cocina, parecía que cada minuto que pasaba quitaba parte de su alma. Corrió a tomar un baño, rápido, se puso ropa de abrigo, una chaqueta enorme y salió apurada. Era como si de repente se hubiese acordado de lo más importante en su vida. Cruzó una calle, tratando de no caerse por el hielo que había en ella, tomó un taxi y a los 20 minutos se bajó de él, cruzó la calle nuevamente y entró a lo que parecía un bar-cafetería de mala muerte. Estaba tapizado en telas de arañas, polvo en los sillones, y un viejo de un metro de estatura tras el mostrador.

Daniela se sentó, tomó una taza de café, charló un par de horas con el viejo enano, que por su apariencia parecía no haber tenido agua cerca de él en años, ni nadie con quien charlar tampoco, y por un minuto volvió a mirar hacia la nada con preocupación, miró su reloj, pero rápidamente volvió a su actitud normal como si solo fuese un mal sueño lo que la perturbaba.
Después de abandonar el café se dirigió a trabajar, pero cuando llegó nadie la notó, o por lo menos le hicieron sentir como si no existiera. Todo esto siguió así hasta casi el término de la jornada. Nadie pasaba por su oficina, nadie llamaba a su teléfono, ni siquiera a su celular. Parecía invisible el día de hoy. Miró de nuevo su reloj, sintió escalofríos y siguió en lo que estaba.


Francisca miraba a todos lados, no entendía que hacía sentada allí ni porque no había nadie a su lado. No estaba triste ni preocupada, solo observaba. Un enorme y torrentoso río pasaba a su lado, pero tenía suficiente espacio como para no caer en él. A pesar de su corta edad sabía, o por lo menos intuía, que caerse ahí no significaba nada bueno.
3 años de vida no es mucho como para entender cómo llegó hasta ahí. El frío aumentaba a cada minuto y nada parecía apuntar que Francisca estuviera lejos de casa porque jugaba con sus piedritas como si ya lo hubiese hecho antes.
Era gordita, como todos los niños a su edad, de cabellos dorados como la miel, ojos grandes, negros y llenos de vida, tez blanca pero colorada a pesar del frío de ese día. Jugaba alegremente y con una energía y vitalidad que la quisiera todo el mundo.

De repente algo salió mal, por alguna razón que no entendía no podía alcanzar las piedritas con las que antes jugaba. Quizás era muy pequeña como para haberlas movido tan lejos y por eso ya no podía alcanzarlas, pero la verdad era más escalofriante. Francisca miró hacia atrás, algo estaba en su zapato, tenía una cuerda en su pie izquierdo, casi no podía verse por su grosor, que estaba, en un principio, enganchada al muro, pero que con el viento que corría y aún así, sin explicación lógica aparente, ahora se encontraba enganchada a una rama que estaba algo atorada dentro del río.

No sé si Francisca habrá entendido que pasaría más adelante, pero su desesperación era tal que no podía gritar, no lloraba, estaba helada como si hubiese visto un fantasma. La rama cedió.

Daniela miró la hora por última vez, ahora entendía porque nadie la veía, porque ahora era invisible. En ese minuto se dio cuenta que su vida se había ido río abajo.